«Siempre impresiona más un hombre corriendo y gritando en un escenario que uno volando en la televisión…»
¿Verdad que sí?
El teatro es algo único y ha existido desde siempre. En el teatro coinciden la magia, la espontaneidad o la imposibilidad de que dos obras representadas sean iguales. Algo que no sucede con una película o con una novela. Cada función de teatro es única, porque cada día el público es nuevo y diferente, y también los actores estamos vivos, y no cada día estamos igual. Un modo de entrenar esa presencia y viveza necesarias en un actor, es la improvisación.
…y en clasesteatro, nos encanta jugar con la improvisación.

Aunque no sólo nos basta con la improvisación para saber interpretar un papel, actuar o ejecutar un roll. Como todo en la vida es necesario tener, además de vocación y ganas, un poco de formación. Y el teatro no es ninguna excepción.
¿Cómo se forma una persona en el teatro?
Al principio, los actores se formaban prácticamente sobre la marcha, mientras trabajaban en diversos oficios en las compañías teatrales o estudiaban con maestros que mezclaban conocimientos didácticos de la ópera, la danza o el canto.
Pero fue a partir de la aportación de Constantin Stanislavski, cuando se consolidó la pedagogía teatral. Después de años de investigación, fue él quien instauró y consolidó la formación teatral. Stanislavski, actor y director teatral ruso, creó lo que podemos denominar «la técnica» o el primer tipo de enseñanza teatral realizada de forma metodológica, siguiendo ciertos pasos y alejándose de las escuelas teatrales tradicionales.
El método Stanislavski consiste básicamente en hacer que el actor experimente durante la ejecución del papel emociones semejantes, parecidas a las que experimenta el personaje interpretado. Para ello es necesario recurrir a ejercicios que estimulen la imaginación, la capacidad de improvisación, la relajación muscular, la respuesta inmediata a una situación imprevista, la reproducción de emociones experimentadas en el pasado, la claridad en la emisión verbal y muchas más.
Tras Stanislavski vinieron muchos otros que nos han ido dejando nuevos métodos y diversas técnicas útiles para el actor, como Michael Chéjov, Lee Strasberg, Sanford Meisner, etc.
Unos artistas son de un método, otros usan lo que les sirve de cada uno. No a todos nos sirve lo mismo. Al final se trata de transmitir y de contar una historia y hacerla creíble. Y si nos sale bien y nos regalan un aplauso, o incluso una sonrisa, pues mejor que mejor. Aunque, como dicen muchos compañeros, lo verdaderamente mágico del teatro no es el aplauso, es el silencio.
No hay nada como cuando percibes que los espectadores respiran contigo y están pendientes de ti. Cuando se crea esa comunión entre actores y público.
¿Quieres sentirlo?

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